La leishmaniasis es una enfermedad infecciosa causada por un parásito protozoo y transmitida por la picadura de insectos flebótomos (mosquitos pequeños) infectados. Se presenta principalmente en tres formas: cutánea (úlceras en la piel), mucocutánea (destrucción de mucosas) y visceral (infección grave de órganos internos, que puede ser mortal). [1, 2, 3]
Tipos de Leishmaniasis
Cutánea: Es la forma más frecuente. Provoca úlceras cutáneas que suelen ser indoloras pero dejan cicatrices de por vida. [1, 2, 3, 4, 5]
Mucocutánea: Inicia con lesiones en la piel que se extienden y pueden destruir parcial o totalmente las membranas mucosas de la nariz, boca y garganta. [1]
Visceral: Es la forma más grave y potencialmente mortal si no se trata a tiempo. Afecta órganos vitales como el hígado, el bazo y la médula ósea, causando fiebre, pérdida de peso y anemia. [1, 2, 3, 4, 5]
Transmisión y Prevención
Vector: Se transmite exclusivamente por la picadura de insectos hembra del género Phlebotomus (en el Viejo Mundo) o Lutzomyia (en las Américas), comúnmente conocidos como "chitras", "palomillas" o "flebótomos". [1]
Zonas endémicas: Es endémica en áreas tropicales, subtropicales y partes del sur de Europa. [1]
Prevención: Para evitar la picadura, se recomienda el uso de repelentes (con DEET), dormir bajo mosquiteros tratados con insecticida y usar ropa que cubra la mayor parte del cuerpo. [1, 2, 3, 4, 5]
Diagnóstico y Tratamiento
Diagnóstico: Generalmente se confirma mediante la observación directa del parásito en muestras de tejido de la lesión (frotis) o a través de pruebas serológicas y moleculares. (PCR). [1]
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